Basta substituir Espanha por Portugal...
| Grande Javier Marias (é pena seres de esquerda e do Real Madrid).
LA ZONA FANTASMA. 17 de octubre de 2004. Eran nosotros Si hay un contraste fuerte al pasear por Inglaterra y por España es el respeto con que en aquel país se trata a los muertos dignos de ser recordados, y en concreto a los que cayeron en los campos de batalla. En la ciudad de York, donde he pasado unas semanas, justo al lado de la catedral, en el lugar más noble y visitado, se erige un monumento a los caídos en una guerra bastante olvidada y por la cual no se siente mucho orgullo: la Guerra de los Boers, en Sudáfrica y en el Transvaal. Lo coronan ocho o diez estatuas de diferentes clases de soldados y también de una enfermera. Bajo ellas, una serie de paneles con los nombres de todas las bajas. Y al pie una placa reza: "Recordad a aquellos leales y valerosos soldados y marinos deeste Condado de York que cayeron luchando por el honor de su país en Sudáfrica, entre 1899 y 1902, y cuyos nombres están inscritos en esta cruz, erigida por sus paisanos de Yorkshire, A.D. 1905". Todo el Reino Unido está lleno de recordatorios como este; y hasta fuera de él también los hay: uno de los cementerios más conmovedores que he visitado es el llamado Inglés o Británico, trágicamente enorme, cerca de la ciudad italiana de Vasto, donde yacen enterrados y honrados cuantos ingleses, escoceses, galeses y hasta canadienses murieron junto al desconocido y vecino río Moro, durante la Segunda Guerra Mundial. Esta última sí fue una guerra obligada, y por la que cabe sentir orgullo. Pero eso es lo de menos. Estos recordatorios no honran exactamente al país, ni a sus guerras imperialistas o de supervivencia, ni a su Ejército, sino a los individuos cuyos servicios fueron requeridos o exigidos y que - asistidoso no por la razón quienes les daban las órdenes - lucharon y murieron creyendo defender y ayudar a sus compatriotas. Como ha escrito hace poco mi antiguo compañero de página Arturo Pérez-Reverte, en otro lugar, todos esos hombres y mujeres merecen respeto tan sólo por eso, independientemente de a qué causa sirvieran y a quién tuvieran que obedecer. Pero en España esto no se ve así, y los que menos lo ven son los políticos con poder, temerosos todos de que cualquier conmemoración de combatientes sea tachada de "belicista" o directamente de "fascista", quién sabe. Y, como señalaba asimismo el Capitán Alatriste, la gente se ha vuelto tan analfabetaq ue confunde conmemorar - es decir, algo neutro, que significa sólo recordaren común- con ensalzar, celebrar o glorificar: En Inglaterra los ciudadanos conocen y rememoran su historia, que, como la de cualquier otro país (salvo Suiza), está llena de batallas y guerras, nos guste o no. Allí hay hasta programas de televisión que explican cómo se libró la batalla de Hastings,en 1066, y no digamos otras más recientes, con predilección, además, por las más clamorosas derrotas y los mayores desastres debidos al engreimiento o incompetencia de los mandos, desde la calamitosa carga de Balaclava en Crimea hasta la escabechina de Isandlwana durante las Guerras Zulúes,pasando por la pérdida de Jartum o la catástrofe de Gallipoli. No se trata, así pues, de una rememoración triunfalista; todo lo contrario, las derrotas sufridas casi son las que fascinan más. En España, en cambio, nadie sabe nada de nada (me refiero al gran público): ni siquiera hemos "contemplado"nunca el Desastre de Annual, ni la carnicería de nuestras tropas en la Guerra de Cuba, ni la ineptitud y la fatuidad de nuestros muchos generales alo largo de la historia; y pretender que alguien tenga la menor idea de cómo se desarrollaron - estratégica y tácticamente al menos- batallas antiguas, como la de Sagrajas o la de las Navas, o aun la de Bailén, en verdad es algo iluso. El anterior Gobierno, el del patriota Aznar, decidió trasladar de Madrid aToledo el Museo del Ejército, que, comparado con el Imperial War Museum deLondres, era una birria; pero como aun así tenía interés, los patrioteros peperos resolvieron quitarlo de la capital, para que visitarlo sea aún más difícil. Y hace poco Eduardo Mendoza se hizo eco del ridículo proyecto de convertir el Castillo de Montjuic en un "Museo de la Paz" - y no de la Guerra, sobre lo que de hecho versaría por fuerza para "no herir sensibilidades" y que las autoridades no sean acusadas de algo así como belicistas. El actual pacifismo español es de verbena cursi, en verdad, cuando se lo lleva a estos extremos. Una cosa es estar contra las guerras, sobre todo las presentes y futuras, y otra negar que hayan existido y que, mal que nos pese, forman parte de nuestra historia; o que en ellas ha habido sacrificio, grandeza. . . y sobre todo muertos, personas como nosotros que tuvieron la mala suerte de ser llamadas a filas y de resultar"prescindibles" para los políticos o reyes de turno. Este es un país tan olvidadizo y superficial que a la postre es sólo desagradecido. Porque todos esos muertos cuyos nombres aquí no conocemos, ni vemos inscritos en ningún lugar, eran gente como ustedes y como yo: eran nosotros. Javier Marías, El País Semanal (pode lê-lo também em www.javiermarias.es/blog.html) [Pedro Marques Lopes] |


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